"La lengua es un tema capital si quieren (los inmigrantes) vivir, trabajar y reclamar derechos" (M. Rajoy, 2002).
A lo que ellos contestan:Que no me acusen a mí,
que no quiero trabajar.
Ni como a un mulo me dejan
que yo me gane mi jornal.
El poder, dado en El Nombre del Padre, nombra al Otro. Unos, con su poder inmaculadamente blanco, defensores de una lengua única, son el paradigma de la modernidad, que tiene sustento en su doble cara colonial. Unos, venden propuestas progresistas, desarrollistas y civilizadoras, mientras que los Otros sufren su violencia, la barbarie, el atraso y "los tormentos de mis negras duquelas". El nombramiento del Otro comienza con la alienación de su posición social para poder desarrollar una voz dignificante y termina aceptando su tradición histórica, que es a su vez una articulación de la diferencia, contenida dentro de la fantasía de origen e identidad. Reciben, entonces, el nombre de gitanos. Reciben, de igual forma, la fijeza de sus estereotipos, que deben ser repetidos ansiosamente para poder identificarlos.
Esta es la estrategia discursiva mayor de los Unos.
También es la base del racismo.
Y así lo reciben los gitanos.
Mira si soy buen gitano
que cuatro reales te doy
de cuatro y medio que gano.

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